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© Anne Combaz

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© Anne Combaz

LA ALTA COSTURA DE CHANEL

Gabrielle Chanel empezó su carrera en 1909, vendiendo sombreros que ella misma personalizaba y lucía. Abre su primera boutique en Deauville en 1913, y en 1915 su primera Casa de Alta Costura en Biarritz. Tres años más tarde se instala en la Rue Cambon, donde creó sus tan famosos conjuntos de punto incorporando nuevas siluetas. A medida que su reputación prosperaba y crecía, también lo hizo el prestigio de la dirección de la Rue Cambon, que durante la vida de la diseñadora permaneció dedicada exclusivamente a la Alta Costura. Ahora, bajo la dirección de Karl Lagerfeld, la Maison Chanel comienza de nuevo cada temporada, desvelando la nueva colección como ninguna de las anteriores.

Más allá de la arquitectura de la propia ropa, los materiales y mano de obra producidos por talleres de la Maison y los talleres artesanales de los Métiers d´Art, guiados por Karl Lagerfeld, son incomparables. La Alta Costura, expresión del saber hacer de antaño y de la precisión hasta el más mínimo de los detalles, es donde se desarrolla la innovación, que está en constante evolución. Trabajando en armonía con los talleres y los Métiers d´Art, Karl Lagerfeld rompe códigos, experimenta procesos e inventa lo que nunca antes había existido. Los materiales tradicionales se codean con PVC, Lúrex, encajes y neoprenos recubiertos de plástico, dando un nuevo volumen radical a los vestidos. Contrarrestados con abalorios, bordados, cristales y lentejuelas, en las manos de Karl Lagerfeld, incluso el cemento se convierte en tela.

Un traje requiere más de 200 horas de trabajo y un vestido entre 300 y 600, mientras que otros diseños, como los vestidos de novia, pueden llevar más de 1.000 horas en producirse. El punto de partida es siempre un boceto creado por Karl Lagerfeld. Cada diseño, que es producido inicialmente en muselina, se presenta al diseñador en un maniquí. A continuación, viene la selección de tejidos y técnicas de costura. Los dos talleres de la Casa cuentan con 50 “petite mains” dedicadas principalmente a tweeds, lana y cuero y otras 50 que trabajan el tul, la organza, la muselina, crêpes, encajes y otros tejidos delicados; repartidos en dos departamentos "flou" (corte y confección suave). El toque final, supervisado por Karl Lagerfeld durante el último repaso el día antes de un desfile, consiste en complementar con accesorios los 70 looks con joyas, guantes, sombreros y zapatos.

Al finalizar el desfile, los clientes de la Maison están invitados a la Rue Cambon para asistir a una presentación privada de las creaciones, que pueden ser debidamente adaptadas de acuerdo a sus preferencias. Para sus clientes más fieles, la Casa lanza incluso modelos a medida, con pruebas en los atelier para todas las etapas de ajustes y alteraciones. La experiencia es tan exclusiva como las siluetas de la casa, que siguen atrayendo a una cada vez más fiel ola de clientes de las futuras generaciones. Encontrando el equilibrio entre la moda y la tecnología y simultáneamente honrando y reinterpretando el legado de Chanel, Karl Lagerfeld sigue dando vida a la Alta Costura, con audacia, creatividad y modernidad, cortejando constantemente lo inesperado, definiendo la verdadera elegancia contemporánea.

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