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CHANEL MI VIDA ACUÁTICA
POR ELISABETH QUIN

¿Julio Verne? ¿Wes Anderson? ¿Georges Méliès? ¿Veinte mil leguas de viaje submarino? Esta sobrecogedora recreación del fondo submarino, este paisaje blanco inmaculado repleto de algas, mantarrayas, tiburones y conchas recreaba la ensoñación y el candor, mostrando una visión concreta de la moda, optimista en lugar de desoladora.

De este modo, cautivos de un sueño extravagante, maravillados y viajando incluso antes de que comenzara, los espectadores esperaban el despliegue de la temática submarina en toda la colección.

Fue una obra maestra: engañosamente sencilla y nunca pleonástica. Nada de sirenas enfundadas en trajes tubo ajustados. Todo lo contrario, las siluetas eran más jóvenes y ligeras que nunca. Piernas infinitas, vestidos y faldas que dejaban la rodilla al descubierto, punto suave y lujoso, maravillosos jerseys blancos sobre faldas amplias, la viva imagen de la elegancia sin ostentación. Encantaron los mini-mini shorts vaqueros plastificados bajo chaquetas desestructuradas, los pequeños tops bordados como parterres de anémonas marinas, las chaquetas recortadas sensualmente por encima de los riñones y los vestidos bordados con escamas de color cobrizo. La colección parecía haber capturado los juegos iridiscentes de la luz del sol sobre las olas, todo era luz.

El tweed resplandecía gracias al lúrex y el nácar se colaba en aplicaciones talladas sobre los trajes sastre. El minucioso trabajo sobre los materiales reforzaba la modernidad y el dinamismo de las siluetas. Una chaqueta perfecto con encaje de silicona concebida por Sophie Halette y perfilada con un ribete de nervio de plástico negro era la viva imagen del refinamiento.

Un humor sutil impregnaba la colección. Al igual que un vestido bordado en los hombros y bajo el talle con un revestimiento de encaje de algas. Karl Lagerfeld se ha divertido como nunca.

Los tacones con forma de ramas de coral o conchas perladas, los pendientes y anillos con forma de erizo de mar, los clutches con forma de concha y los bolsos metalizados rectangulares con cadenas que parecían paquetes recuperados de las aduanas de los distintos mares... El público estaba fascinado. Obsesivos, los botines negros y blancos o plateados dotaban a las siluetas de movimiento y de un ligero perfume londinense a los Swinging Sixties.

La perla, icono de Chanel, ¡se encontraba en su entorno natural! Ensambladas en delicados cinturones sobre algunos vestidos cortos, se transformaron en una especie de bordados sobre la piel, creando alineaciones casi surrealistas sobre la columna vertebral.

Ligereza, imaginación y refinamiento para una colección alocadamente oxigenante, que concluyó con la aparición botticeliana de la cantante Florence Welch, surgida de una concha gigante para cantar, acompañada de un arpista.

Mientras su potente voz inundaba el Grand Palais, rememorábamos las palabras de Paul Valéry en El cementerio marino:
“El viento por las olas exhalado,
me devuelve mi alma... iOh dios salado!
¡Corro a la ola a resurgir viviente!”
y podemos decir que esta colección es precisamente eso, ¡viviente!


Fotografía © Olivier Saillant

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